El buque «Almanzora»

El buque Almanzora en La Palma. 1936.

Surcar los mares es el primero de los ideales románticos. Recordemos “La canción del pirata” de José de Espronceda, oteando el horizonte en un mar sin fronteras. Si no podemos hacerlo de manera física, nadie puede negarnos ese sueño. A veces el duro trabajo de la mina, en las entrañas de la tierra, puede desembocar en auténticas aventuras cruzando los océanos. 

El Reino Unido era rico en la producción de hierro, extraído en los Montes Peninos, como también lo era de carbón, lo que le permitía abanderar la Revolución Industrial. La industria siderúrgica crecía exponencialmente, sustentada por las abundantes reservas de mineral y el inagotable caudal de agua que propicia el clima propio de las Islas Británicas. La gran cantidad de puertos, ríos navegables y canales, establecían una impresionante actividad de comercio nacional e internacional. La burguesía se enriquecía a manos llenas por lo que pronto pusieron su objetivo en establecer zonas de producción minera allende de sus fronteras. El capital británico desembarca en la provincia de Almería en los últimos años del siglo XIX, iniciando una actividad de extracción minera y construcción de infraestructuras totalmente desconocida en el Sureste español, miserable y abandonado por parte de las oligarquías nacionales. El hierro lidera la producción almeriense en la primera década del siglo XX, con las compañías de capital procedente de las islas Bacares Iron y Cabarga San Miguel a la cabeza. El mineral de la Sierra de Los Filabres se carga noche y día en trenes que buscan salida hacia el muelle del Hornillo en Águilas con destino a las fabulosas industrias británicas. 

El auge comercial y la apertura de vías navales que comunicaban prácticamente todo el planeta ratificó la idea del holandés Hugo Grocio (1583-1645) de que los océanos nos pertenecían a todos, consolidando el concepto de aguas internacionales en el siglo XVIII. Las grandes compañías transatlánticas comienzan a encargar la construcción de grandes buques de una manera casi frenética, con el fin de afianzar sus rutas en esta época de esplendor. 

Con el número de construcción 441 del astillero Harland & Wolff, en Belfast (Irlanda del Norte), el buque “Almanzora” era el último de una serie de ocho buques gemelos sobre el proyecto del tipo A de Royal Mail Lines – “Amazon” (1906), “Araguaya” (1906), “Avon” (1907), “Asturias” (1908), “Arlanza” (1912), “Andes” (1913), “Alcántara” (1914) y “Almanzora” (1914) – tal y como indica D. Juan Carlos Díaz Lorenzo en su Tesis Doctoral para la Universidad de La Coruña. El 19 de noviembre de 1914, el flamante “Almanzora” resbala por la misma grada en la que había sido construido el “Titanic” dos años antes, accidente que motivó la dotación de mayores medidas de seguridad y evacuación para los pasajeros, motivo que fue señalado por la investigación llevada a cabo, como principal causa de la tragedia del “Titanic”. 

El buque “Almanzora” tenía un peso de 15.551 toneladas brutas y unas dimensiones de  188,10 m de eslora total, 22,20 m de manga, 10,98 m de puntal y 7,40 m de calado. Este imponente monumento naval estaba propulsado por cuatro máquinas alternativas de triple expansión, con motores de triple hélice, que tomaban vapor de ocho calderas y desarrollaba una potencia de 13.500 caballos, manteniendo una velocidad de 18 nudos. Era capaz de albergar alojamiento para 1.785 pasajeros, de los cuales 400 lo hacían en Primera Clase, 230 Segunda Clase y 760 Tercera Clase. 

Aunque el Reino Unido disponía de la flota naval más grande del mundo, en septiembre de 1915, una vez iniciada la Primera Guerra Mundial, fue adaptado para usos militares, entrando en servicio como crucero auxiliar, incorporado a la flota del 10th Cruiser Squadron. Una vez finalizada la contienda volvió a los astilleros de Belfast para ser restaurado y rehabilitado con usos comerciales. Con la vuelta de la paz, el 14 de enero de 1919 fue devuelto a su estado de buque mercante. El 9 de enero de 1920 zarpó de Southampton en su viaje inaugural a la República Argentina y escalas de su itinerario. 

El 26 de marzo de 1936 atracó en su primera y única escala en el puerto de Santa Cruz de La Palma el “Almanzora”, procedente de Sierra Leona, con 200 turistas en tránsito y esa misma noche continuó viaje hacia Lisboa y Souhtampton, en la que parece su única parada en puerto español, ya que no disponemos de informaciones que afirmen lo contrario.  

Los vientos de guerra de nuevo ondean las banderas de las potencias, por lo que en septiembre de 1939 el “Almanzora” sería de nuevo requisado por la Royal Navy para su empleo como transporte de tropas. Consiguió mantenerse a flote para quedar al servicio del gobierno británico una vez acabada la Segunda Guerra Mundial. Estuvo destinado al transporte de emigrantes hasta 1947, cuando quedó amarrado a órdenes en Cowes Road y un año después se vendió para desguace a Blyth Iron & Steel Corporation. Fue remolcado hasta la ribera de Blyth donde se procedió a su desguace. 

Posteriormente ha habido otras naves que lucían el nombre de “Almanzora”, tales como la Dragaminas “Almanzora” del Ejército Español (1954 – 1977), la barca de madera “Siempre Almanzora” (1989 -2010) con sede en Tazones (Asturias) y la Patrullera de Salvamento Marítimo “Río Almanzora” (en activo) El cauce seco de nuestro río siempre va en busca del mar, aunque sea dando nombre a buques y barcas. En el caso del homenaje insólito a nuestra tierra que hizo el magnífico buque británico, sirvió de tributo al esfuerzo de todos los mineros que emplearon sus vidas en proporcionar materia prima al empeño del hombre en dominar el mundo.

Francisco Javier Fernández Espinosa