Tartanas y carros cargados de vigas concentrados en las proximidades de la Fuente de los Cuatro Caños en Vera. Ca. 1880. [José Rodrigo Navarro / Fondo Cultural Espín (Lorca)]
El próximo viernes, 16 de noviembre, a las 20:00 horas, se presentará en el Teatro Echegaray de Cuevas del Almanzora el libro Relatos fotográficos de Almería en el siglo XIX. Luces en la historia. Editada por Arráez Editores y patrocinada por el Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora. Se trata de un estudio a la vez ambicioso y pionero porque se adentra en una temática, la de la historia de la fotografía en nuestra provincia, sobre la que hasta el momento sólo se habían realizado parciales y tímidos acercamientos.

La obra repasa a través de sus 344 páginas el panorama de la fotografía a lo largo y ancho de toda nuestra geografía provincial en un período, como la segunda mitad del XIX, donde la imagen, sobre todo documental, aún no se prodigaba. Desde la presentación del prodigioso descubrimiento de la fotografía en 1839 pasó un cuarto de siglo hasta que abriese sus puertas el primer estudio fotográfico en la capital y, a partir de entonces, se instalasen de manera muy paulatina otros retratistas en la ciudad y en los principales núcleos de población como Cuevas del Almanzora o Adra. Aparte del retrato, que es abordado de forma exhaustiva, me he empeñado en la recuperación de un patrimonio gráfico hasta ahora disperso y escasamente sistematizado, presentándonos una colección de casi 300 imágenes –muchas de ellas inéditas– que definen la evolución formal y temática de la fotografía almeriense durante medio siglo.

Gigantes y Cabezudos en la Plaza Vieja de Almería con motivo de la Feria de Agosto de la ciudad. Ca. 1900. [Hermanos Paniagua Porras / Col. Enrique Paniagua García]
Pero no es una historia de la fotografía al uso, es decir, no he pretendido abordarla desde presupuestos estrictamente cronológicos, o estructurados por áreas geográficas. He considerado más oportuno, en pos de la amenidad, seleccionar un conjunto de acontecimientos históricos más o menos relevantes y hechos sociales significativos por su extrañeza que disfrutaron de una cobertura fotográfica notable, coincidencia infrecuente en una etapa y en una geografía donde la imagen fotográfica no fue precisamente pródiga. El esquema suele ser siempre el mismo: a la contextualización histórica sucede el relato de las vicisitudes inmortalizadas por la cámara, complementado después con aportes destinados a clarificar la autoría real o supuesta de las imágenes y una exhaustiva descripción de las mismas. Al margen de esta dominante estructura ha quedado el capítulo que dedica al retrato y los retratistas, que sigue ese desarrollo habitual en las fotohistorias, es decir, una división geográfica a la que se ha otorgado una disposición cronológica desde los pioneros hasta los fotógrafos que protagonizaron el cambio de siglo.

Diremos para finalizar que estamos ante una edición muy cuidada, donde las imágenes han sido retocadas con esmero para que luzcan con plenitud. La obra está encuadernada en tela con sobrecubiertas ilustradas.