Lo que oculta El Cabezo De Las Chimeneas: Un tesoro patrimonial recuperable

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Imagen de una de las galerías.

Texto y fotos de Enrique Fernández Bolea

Hay días para descubrir, en los que no imaginas lo que después se te va a desvelar. Precisamente en la espléndida mañana de ayer, 21 de octubre, tuvo lugar una de esas jornadas repleta de sorpresas. En la llamada que recibí el día anterior de Matías Gómez Cervellera, presidente de la SAT Los Guiraos, me informaba de que en el Cabezo de las Chimeneas, próximo a la pedanía de Los Lobos y bien visible desde la carretera de Águilas, se habían hallado unas galerías que tenía interés en que visitásemos juntos. Los terrenos situados en este paraje han sido adquiridos no hace demasiado por esta dinámica comunidad de regantes que pretende, con estudiada planificación, convertir las abandonadas instalaciones allí ubicadas en centro de actividad y riqueza para la comarca, aunque no sea este el momento de revelar la naturaleza del proyecto. En el extenso llano que culmina el altozano, además de los restos de un conato empresarial de principios de la década de los 80, sobresale una inhiesta y elevada chimenea que perteneció a la fundición Contra Viento y Marea, compañera secular de otra de estructura escalonada y no tan alta por la que se evacuaban los nocivos gases de otra fábrica titulada Acertera. Basta su presencia para entender la denominación toponímica del paraje.
Aquellos dos complejos fabriles supusieron el inicio de la metalurgia en el entorno de Sierra Almagrera al poco del hallazgo del riquísimo filón argentífero del Jaroso. Entre 1839 y 1840 la fundición del gibraltareño Francisco Scotto y la de un tal Manuel Martín Molina comenzaron a transformar en lingotes y galápagos [especie de tortas de metal] los preciosos minerales que se arrancaban del vecino barranco y llegaban hasta sus patios a través de la Boca de Mairena. Por esta razón, es decir, por ser esta la salida menos accidentada para las recuas de bueyes que arrastraban los carros colmados de mineral procedentes del Jaroso, sus propietarios decidieron emplazarse allí, en la ribera derecha de la rambla de Muleria, en el tramo comprendido entre las actuales pedanías de Los Lobos y el Tarahal, nacidas precisamente por aquellos años de la década de 1840 al fragor de este beneficio.

Desde los primeros momentos se detectaron las nocivas repercusiones que las operaciones metalúrgicas tenían sobre la salud de los operarios que allí trabajaban. La inhalación directa de los gases que desprendían los hornos durante los procesos de calcinación y copelación de los minerales, así como su contacto cutáneo con los mismos cuando aquellas humaredas y el polvo de plomo los envolvían por completo, contribuyeron al padecimiento –muy extendido– de una gravísima enfermedad conocida como cólico saturnino o emplomamiento. Se manifestaba al principio con trastornos gastrointestinales, sobre todo dolores agudos de vientre y vómitos biliosos. La solidificación del plomo en el estómago y el intestino provocaba dolores de tal intensidad que, a fin de contribuir a su alivio, algunos compañeros llegaban a pisar la barriga del afectado. Si el contacto con los agentes que causaban la enfermedad no cesaba, afloraban otros síntomas más graves que incidían sobre el hígado y los riñones. Otro de los efectos más visibles y repulsivos era la aparición de una coloración gris azulada, de uno dos milímetros de amplitud, bordeando las encías, la cual se producía como consecuencia de la eliminación del plomo por la mucosa gingival y su precipitación en forma de sulfuro. Ahora bien, las consecuencias más temidas se mostraban en un estado avanzado de la enfermedad y tenían que ver con la encefalopatía saturnina: temblores, cefalalgia, insomnio, delirio y una pérdida de sensibilidad y movilidad corporal que, en buena parte de los casos, anunciaban la muerte del emplomado.

La generalización de la dolencia entre los trabajadores de las fundiciones mermó, por una parte, la masa obrera disponible, y por otra ahuyentó de esta actividad a potenciales demandantes de aquellos empleos por el miedo a contraer la enfermedad. A los dueños de la Contra Viento y Marea y de la Acertera no les quedó más remedio que reaccionar con el fin de buscar una solución a un problema que ellos consideraban más de supervivencia empresarial que de salud pública. Había que aminorar como fuese la incidencia del mal para recuperar una mano de obra escasa y reticente, de ahí que se afanasen en la construcción de galerías que condujeron los perniciosos gases desde los hornos hasta chimeneas enclavadas a considerable distancia y en lugar elevado como las que nos ocupan. Estas galerías de humos, a veces construidas en mampostería y otras horadadas en el terreno, dibujaban un trazado serpenteante con el fin de conseguir un segundo objetivo: que los densos gases ralentizasen su circulación y dejasen los metales pesados que acarreaban adheridos a las paredes de estas galerías, de donde eran recolectados con cierta periodicidad para su posterior aprovechamiento. Mediante esta infraestructura, inicialmente ideada para evitar el cólico saturnino, sus promotores consiguieron recuperar unos metales que hasta ese momento se vertían a la atmósfera en forma de gases. No hay mal –por la inversión a la que se obligaron– que por bien no venga.

Pues bien, sin esperarlo, cientos de metros de esas galerías de humos pertenecientes a las instalaciones de Contra Viento y Marea y Acertera son las que, sorprendidos y hasta emocionados, pudimos recorrer ayer por la mañana cinco privilegiados, casi pioneros, entre los que, además de Matías y el que esto suscribe, se encontraban Pedro Perales Larios, Andrés Martínez Caicedo y Ginés Pérez Pérez. Tras penetrar en un tramo de unos 70 metros, recorrido final de la galería que conectaba con la alta chimenea de la Contra Viento, nos hemos adentrado en otra que se ha prolongado, adoptando una trayectoria casi circular, por más de trescientos metros. Transcurre esta, después de un breve recorrido transversal, perfectamente adaptada a la orografía de la ladera del cerro, de modo que a intervalos se abren unos orificios que conectan con el exterior empleados en su momento para facilitar los trabajos de mantenimiento y el acceso a los trabajadores que se ocupaban de arrancar los metales adheridos a las paredes de la galería. De vez en cuando nos hemos tropezado con otras galerías secundarias, de dimensiones notablemente más pequeñas, que podrían haber cumplido con una función de respiradero. Este túnel, excavado y reforzado en sus paredes mediante mortero de cal hidráulica o mampostería, posee unas dimensiones, más o menos regulares a lo largo de todo su trayecto, de aproximadamente 1,50 metros de ancho por 1,70-1,90 de alto. Su forma es cuadrada en ocasiones y abovedada en otras, adquiriendo a veces en su parte superior una morfología completamente irregular debido a su adaptación al terreno. Se halla muy bien conservada, siendo muy escasos los desprendimientos detectados.

Junto a las chimeneas exteriores, componen un conjunto de nuestro patrimonio minero-industrial de primer orden, que ilustran de manera bien plástica esos procesos destinados a la evacuación de gases desde las fábricas metalúrgicas y al aprovechamiento de los metales que estos transportaban. Y sus actuales propietarios, la SAT Los Guiraos, se muestra dispuesta a su recuperación, a su restauración, a su puesta en valor, cuando aquellos planes que proyectan sobre el Cabezo de las Chimeneas inicien en breve su materialización. Estamos, en definitiva, ante un elemento histórico, cultural y patrimonial sugerente que, sometido a musealización e interpretación, puede convertirse en un recurso muy atractivo para ese turismo de calidad que busca alternativas al sol y playa en sus estancias estivales, o una oferta instructiva y gratificante en nuestros templados inviernos. El Cabezo de las Chimeneas es un punto estratégico de aquella orografía, desde el que se divisa Almagrera en su total extensión, histórico paisaje donde todo se inició que nos brinda el escenario y el relato en el que contextualizar este patrimonio que por fortuna se nos ha desvelado.