La marca pueblo: lo pequeño puede ser hermoso

El tránsito del modelo productivo tradicional al moderno no ha sido homogéneo en Almería: por el contrario, ha dado lugar a un considerable desequilibrio territorial en renta y población en favor de los municipios costeros. Entre algunos de los deprimidos, se está realizando un proyecto piloto, denominado «Marca pueblo» con el fin de posibilitar un desarrollo sostenible para fijar población.

Como resultado del dualismo territorial, se puede decir que toda la Comarca de Dalías, el Bajo Andarax, el Campo de Níjar y el Bajo Almanzora, han consolidado su modelo de desarrollo. Los municipios del Valle Medio del Almanzora y algunos del Alto (excepto los situados en las zonas montañosas de Los Filabres y Las Estancias), también lo están consolidando, aunque con más dificultades: las oscilaciones del ciclo de la construcción, la supresión del ferrocarril en su tramo de Almendricos a Guadix y el desvío de la autovía por los Vélez, han supuesto un duro golpe del que le está costando reponerse.

Las restantes comarcas, que equivalen en territorio aproximadamente la mitad de la provincia, han salido peor paradas: así el Alto Andarax, se encuentra en claro retroceso; y una situación incluso peor presentan las comarcas del Campo de Tabernas, Río Nacimiento y los Vélez, que pueden calificarse de claramente deprimidas. Ninguna de ellas ha logrado encontrar una salida clara que les permita encarar su futuro con una mínima solidez, razón por la cual han perdido población –y lo continúan haciendo- y, la que conservan, va envejeciendo progresivamente; en buena parte sus habitantes viven de las transferencias públicas que reciben: pensiones de jubilación, seguro de desempleo, Plan de Fomento del Empleo Agrario, ayudas directas a la agricultura, etc.

En ese contexto de economía deprimida se sitúan siete municipios que han sido seleccionados por un grupo de profesores de Economía de la Universidad de Almería (UAL), encabezados por Jaime de Pablo, Director del «Máster en desarrollo y codesarrollo local sostenible» de dicha Universidad, para un proyecto piloto que denominan la Marca pueblo. Lo hacen al amparo de lo previsto por la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, sobre desarrollo sostenible del medio rural.

Los municipios seleccionados son: Alcóntar, Almócita, Líjar, Lubrín, Olula de Castro, Purchena y Serón. Tienen en común estar situados en áreas de montaña, tener escasa población y alto grado de envejecimiento de la misma, bajo índice de natalidad, elevada tasa migratoria y reducida diversificación productiva. De ellos, seis se localizan en la Sierra de los Filabres (cinco en el Valle del Almanzora) y uno –Olula de Castro- en su vertiente sur, en la comarca de Campo de Tabernas; y Almócita, que está en el Alto Andarax (Alpujarra almeriense). En conjunto suman 547,2 km2 y una población de 6.361 habitantes (2108), lo que arroja una densidad de 11,6 habitantes por km2. El de mayor población es Serón (2.035 habitantes), seguido por Purchena (1.621) y Lubrín (1.431); en el otro extremo se sitúan Almócita (176), Olula de Castro (180), Líjar (390) y Alcóntar (528). Por sus condiciones orográficas, la mayoría de ellos tienen dificultades de acceso por carretera, como son los casos de Almócita, Líjar, Lubrín y Olula de Castro.

¿Y qué es la marca pueblo y qué pretende? La marca es un signo de identidad, que procede del acto de marcar, es decir, de identificar visualmente un objeto con gran facilidad. Se ha generalizado para toda una amplia gama de sectores y servicios y también se ha extendido a los países, en este caso, para poner de manifiesto la calidad de su economía, que se sintetiza con el made inEl made in predispone instintivamente al demandante, de manera positiva o negativa, ante cualquier producto o servicio que se ofrece en el mercado. En un entorno globalizado como el actual, dice Emilio Lamo de Espinosa, que la marca se asimila a un desfile de belleza, en lo que todo se valora en función del origen, del made in.

En el caso que nos ocupa, el objetivo básico que se persigue con este proyecto es el de tratar de implicar a sus agentes económicos y sociales en la innovación tecnológica que hoy proporciona internet (hacer de ellos municipios inteligentes) para aspirar a un desarrollo sostenible explotando racionalmente los recursos del lugar. Tienen a su favor estar regentados por alcaldes emprendedores, bien preparados intelectualmente y muy experimentados (rasgos poco frecuentes entre los políticos), que han decidido, partiendo de los escasos recursos con los que cuentan tales municipios, apostar por su futuro para tratar de corregir la sangría poblacional que sufren.

En los casos de los tres con menos población, Almócita, Líjar y Olula de Castro, el elemento central que les sirve de guía es el de impulsar el turismo rural, aprovechando el entorno medioambiental del que gozan. En el caso de Almócita, dar a conocer una arquitectura morisca bien conservada, así como las ruinas de la antigua explotación del plomo que dan testimonio de su pasado minero. Líjar, situado en la comarca del mármol –su principal actividad- también ofrece lugares de interés para visitar: el Castillo (construido en 2005), el Charcón, el camino empedrado, la Cueva del Moro, etc.; además, explota en su beneficio el episodio histórico de haber declarado la guerra –incruenta- a Francia, en octubre de 1883, por las graves ofensas que en Paris le habían infringido al Rey Alfonso XII en una de sus visitas a esta ciudad; guerra que ha mantenido durante un siglo: la paz entre ambos contendientes se firmó, en Líjar, en octubre de 1983. Olula de Castro, pueblo que permanece semi-vacío en invierno, presenta, como principal atractivo, su proximidad al observatorio de Calar Alto. El más innovador de todos ellos es Almócita, que ha impulsado algunas iniciativas tendentes a fijar población (que, modestamente, en parte está consiguiendo): actividades culturales, promoción de la agricultura ecológica, autosuficiencia energética local (para simbolizarlo, viene celebrando desde hace ya unos años, la Noche de los Candiles: prescindir, durante una noche, de la electricidad comercial).

Alcóntar y Serón, centran su interés en la industria cárnica (embutidos) y más específicamente en la del curado del jamón, producto que ya gozaba de cierta tradición en la zona desde finales del siglo XIX pero que se ha relanzando considerablemente a partir del cierre de las minas de Las Menas. Actualmente Serón cuenta con cuatro empresas de este tipo que no solo atienden el mercado nacional sino que alguna de ellas comercializa en el extranjero aproximadamente la mitad de su producción. Serón consiguió, en 2012, como signo distintivo de calidad geográfica, la Indicación Geográfica Protegida/Denominación de Origen Protegida (IGP/DOP) “Jamón de Serón”, de las que solo existen otras seis en España; no obstante, para explotar con eficiencia el mercado potencial, sería aconsejable que esta indicación de calidad se extendiese a los municipios limítrofes que gocen de similares condiciones climáticas.

Por su parte, Lubrín, un pueblo apartado de las grandes rutas provinciales y con acceso complicado por carretera, también está logrando encontrar alternativas en el uso de sus recursos naturales. Y lo hace combinando tradición con modernidad: elabora productos tradicionales de gran calidad con tecnología moderna, que comercializa con gran éxito no solo en la provincia sino también en otros muchos lugares de España. Cuenta con una serie de pequeñas empresas –la mayoría familiares- muy eficientes económicamente; estos son los casos de una elaboración de miel, de una almazara con líneas de molturación y prensado que permite obtener tanto aceites normales como ecológicos de distintas variedades de aceituna, un matadero de cabrito lechal (y también confitado) de gran éxito, una empresa de yogur líquido natural de leche de cabra (el ganado caprino es otra de las especialidades productivas del lugar), etc. Y también con una instalación –de propiedad municipal- bien equipada para albergar a Menores Extranjeros No Acompañados (MENAS), que gestiona la Asociación Engloba por cuenta de la Junta de Andalucía.

Por último Purchena que, a pesar de ser un municipio pequeño en número de habitantes, es el principal centro administrativo del Alto Almanzora: es cabeza de Partido Judicial y cuenta con Registro de la Propiedad y otros servicios públicos. También es conocida esta localidad por organizar –y con gran éxito- cursos de verano desde 1993, primero como sede dependiente de la Universidad Complutense y, desde 1997, de la Universidad de Almería. Apostar por la economía social es, sin duda, su principal signo distintivo que le ha convertido en centro de referencia a escala provincial y de Andalucía, un modelo de desarrollo sostenible que, por añadidura, genera bastante empleo directo (dichos programas dan ocupación a más de 100 trabajadores fijos y casi otros tantos eventuales). Su Ayuntamiento es el principal promotor de una serie de programas sociales muy consolidados, que gozan de gran apoyo y participación de la población local: Proyecto convivir, Escuelas de verano, Escuelas de familias, Centro socioeducativo, Centro de acogida de menores, etc. Son destacables los tres centros de menores con los que cuenta: dos para MENAS (uno para hombres y otro para mujeres) y otro para la acogida de menores infractores.

En conclusión, los siete municipios de la marca pueblo, han elegido en algunos casos alternativas diferentes para conseguir un modelo de desarrollo sostenible, siempre bajo la premisa de explotar racionalmente los recursos con los que cuentan. Sus resultados, a pesar de sus limitaciones, son muy positivos: han logrado crear cierto empleo estable y contener la sangría poblacional que venían padeciendo.

Fuente: Ibercampus